miércoles, julio 23, 2008

El Poder de la Oración

Después de buscar la Paz sin encontrarla, en el dinero, en el sexo, en el alcohol, en el arte, en la academia, en la nueva era, en los alucinógenos, en la psicoterapia, en lecturas de autosuperación, en la música, estuve a punto de enloquecer. En el borde de la insania, hice lo más elemental que puede hacer una persona; algo que me habían enseñado mis padres desde tierna edad: caí de rodillas y clamé a Dios, si era que existía, para que me ayudara a salir del infierno que estaba viviendo.

Y vaya si existía. El resultado no se hizo esperar. Parecía una polea. Oraba y sentía una leve mejoría, volvía a orar y sentía que la mejoría aumentaba. Como cuando uno hala una cuerda de polea: entre más hale, más sube; sube poco, pero sube. Todavía estoy subiendo, poco a poco, mis problemas no se han acabado, pero la desesperación cesó, y ahora sé que hay un poder indescriptible que me eleva y me da fortaleza y protección.

Mis padres me enseñaron de niño a orar. A medida que crecí, me volví incrédulo, y hube de llegar al borde del precipicio para recordar mis primeras enseñanzas, que a la postre me salvaron.

Si usted está desesperado, quiero compartir esto: haga algo tan sencillo como orar a Dios; sin sectarismos, sin prejuicios. La Divinidad es una sola, aunque tiene incontables nombres y formas. Por la cultura en que he vivido, yo la visualizo como la Virgen María.

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lunes, diciembre 10, 2007

LA REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA

Lo espiritual no es comercial y si algo no es comercial está destinado a no existir en esta sociedad consumista por excelencia. Sin embargo, la vida pone las cosas en su sitio: lo que no existe en la sociedad consumista, es lo único que verdaderamente vale la pena.

El amor por una pareja que no tiene el cuerpo exigido por la sociedad de consumo; el amor por unos padres achacosos, o por un hijo que no es brillante o por ese amigo caído. ¿Alguna vez la sociedad consumista se ocupa de estas personas al margen de lo establecido? ¡Qué oso! Y sin embargo solo con ellos nos sentimos satisfechos y felices; solo con ellos sentimos que vale la pena vivir.

Ese abrazo de perdón, esa mirada humilde, esa sonrisa de contento con el bien ajeno, ese gesto de piedad, esa inclinación de la cabeza aceptando una derrota, son actitudes que fueron erradicadas hace tiempo del supuesto “gran mundo”, que con sus pies de barro se erige sobre el dinero y la apariencia. Gran mundo que con reflejos de oropel esconde el verdadero significado de la vida. Y es cuando los humanos desolados escuchan una voz interior que pregunta: “¿vivir solo para esto, realmente vale la pena?” Y entonces buscan una respuesta y al no encontrarla en el mundo exterior, llegan al alcohol y las drogas, que conducen fatalmente a un paraíso infernal y entonces viene la resaca, la culpa, ansiedad, angustia, depresión y eventualmente la muerte.

Pero no vamos a morir. No nos vamos a dejar matar. En algún momento miraremos hacia otro lugar que no sea ni el exterior, ni los paraísos artificiales: Ese lugar es el interior del hombre, como aconsejaba el Oráculo de Delfos: “Hombre, conócete a ti mismo”. Entonces oiremos de nuevo la voz preguntando si vale la pena vivir solo para consumir, pero ahora seguiremos escuchándola.

Es una voz sabia que nunca está en silencio por más que los fuegos fatuos con su bullicio traten de acallarla. Esa voz nos da la misma respuesta a todos los humanos y deberíamos elevar su volumen para que empezáramos a hacer coro en contra de tanta inconsciencia; deberíamos hacer coro para que la pretendida sociedad global cuyo único interés es consumir y consumir para engordar y engordar unos cuantos bolsillos, se notifique de la rebelión, se notifique que dejaremos de obedecerla, se notifique que desde ahora buscamos un sentido digno para la vida, y por eso arrancamos con la gran revolución del siglo XXI: LA REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA.

¿Y quienes son la avanzada de esa revolución? Ni los científicos, ni los filósofos, ni los políticos: la avanzada son los artistas, depositarios de la llave que une el espíritu con la materia, y serán quienes toquen a rebato: menos artistas para el consumo y más artistas para el espíritu, porque el espíritu no tiene precio, y si algo no tiene precio, entonces es verdadero.


martes, diciembre 04, 2007

EL PODER DE LA ORACIÓN

Si observamos el cosmos, tanto el macro como el micro, solo vemos inteligencia. Un despliegue de inteligencia que nos deja boquiabiertos y absortos en preguntas. La oración es un intento conciente por contactar esa inteligencia inefable que percibimos en el universo. La oración es ese intento por asirnos a algo verdadero después de comprobar que la realidad que conocemos es decepcionante, después de comprobar que somos tan pequeños, ignorantes e indefensos. No sabemos por qué o cómo, pero la oración anula la angustia existencial y da un indescriptible sentimiento de seguridad, amor y paz.

miércoles, agosto 15, 2007

MUJERES EVITAN TENER HIJOS PORQUE EDUCARLOS Y CRIARLOS ES MUY COSTOSO (Titular de prensa)

De mantenerse esta tendencia, y en el peor de los casos, de incrementarse, en el año 2057 la población infantil habrá disminuido sustancialmente y por lo tanto habrá menos bullicio en el planeta, menos risas inocentes, menos alegría y esperanza; estados de ánimo que adoptamos los adultos conciente o inconcientemente a la vista de los niños. Bien dice el dicho: “Donde hay niños no entra el diablo”.
¿Entrará el diablo al planeta dentro de 50 años? ¿Qué dirán las multinacionales como Fisher Price Toys, Jhonson & Jhonson y en general toda la industria, el comercio y los servicios, al ver disminuida su clientela de vestuario, alimentos, artículos electrónicos, distracción y demás, disminuida, repito, sustancialmente?
Las personas mayores ya conocemos esta “realidad” en que vivimos, y no nos entusiasmamos con facilidad ante las cosas nuevas, digamos el último modelo del Play Station. Difícil sería ver a alguien de 50 años haciendo fila durante 36 horas para comprar la nueva versión. Solo un joven lo haría.
Sin jóvenes el mundo no será viable. Sin gente nueva no hay esperanza, no hay renovación, no hay cambio, ni ideas distintas; en otras palabras: nuestra civilización morirá. Ha habido muchas civilizaciones desaparecidas por catástrofes, como dijo Platón que sucedió con la Atlántida, y una catástrofe más no la sentiría el planeta. Nuestra cultura morirá no como se creyó, por una conflagración atómica, no por un enorme meteorito, ni por otro diluvio universal. Morirá por falta de sangre nueva. Morirá anémica.
Desde el punto de vista espiritual, podemos afirmar que el egoísmo natural del ser humano, debe dominarse para que si no se logra transformar en altruismo, por lo menos no salga de los límites humanos. El llamado neoliberalismo con su dogma de que el mercado libre lo es todo, de que el mercado se nivela por sí solo, desencadenó situaciones inhumanas como por ejemplo, que la medicina y la educación quedaran inaccesibles para la mayoría de los habitantes del planeta, lo que da como resultado la situación mencionada en el titular de prensa.
Es difícil dominar el egoísmo. No nos llamemos a error. Pero si los humanos (y sus dirigentes) llevamos una vida más vuelta hacia el interior de nosotros mismos, dirigida a descubrir ese mundo espiritual al cual damos la espalda, entonces ciertos sistemas económicos ni siquiera se mencionarían, y aquél absurdo titular de prensa no existiría. Sin embargo, existe.

jueves, agosto 09, 2007

HERMANN HESSE

Hoy hace 45 años falleció Hermann Hesse, escritor que supo mostrar su lucha espiritual. Para los buscadores solitarios, nada mejor que leer su novela “El Lobo Estepario”. Hermann Hesse fue Premio Nóbel de Literatura en 1947.

Nacido en 1877 en la frontera norte de la Selva Negra, de padres misioneros y abuelo indólogo, fue un niño precoz y difícil que pasó un tiempo en la escuela para “niños emocionalmente perturbados”. Se rebeló de toda autoridad paterna y conoció el “mundo” contra el que predicaran sus mayores. Sin embargo, tiempo después volvió al lado del padre y colaboró con él en su trabajo.

A los 34 años viajó a la India, donde su madre y su abuelo habían vivido, y pasó allí una temporada. A su regreso comentó que la India no le había aportado el encuentro espiritual que esperaba. En cambio se dio cuenta que la India y el Oriente en general, eran representaciones de cualidades que uno tenía que encontrar dentro de uno mismo.

Durante la Primera Guerra Mundial trabajó para la organización de ayuda a los prisioneros, lo cual le dejó completamente exhausto. Esto, sumado a la tensión misma de la guerra, sus antecedentes emocionales, la muerte de su padre en 1916 y la crisis matrimonial que atravesaba, lo arrojaron en una profunda depresión.

Se sometió a psicoanálisis con el doctor J.B. Lang, discípulo de Jung, y logró salir de su estado de postración. Fruto de esta experiencia es la novela “Demián”.

La obra “Siddhartha”, según sus palabras “fue el fruto de cerca de 20 años de familiaridad con el pensamiento de India y China”. A propósito, diría: “De los filósofos occidentales he sido influido mayormente por Platón, Spinoza, Schopenhauer y Nietzsche, así como por el historiador Jacobo Burckhardt. Pero ninguno de ellos me influyó tanto como la filosofía hindú, y con posterioridad la filosofía china”.

Disturbado por la opresión de la tecnología y la mal llamada “civilización”, auscultando sus más íntimos pensamientos y sentimientos, escribió su obra cumbre: “El Lobo Estepario” en 1927.

Uno de sus últimos poemas, que no me atrevo a escribir en español, pues a su vez es traducción del alemán, es el siguiente:

What you loved and what you strove for
What you dreamed and what you lived through
Do you know if it was joy or suffering?
G sharp and A flat, E flat or D sharp,
Are they distinguishable to ear?

La noche antes de morir escuchó, como la mayor parte de su vida, una sonata de su amado Mozart, y después su esposa, como todas las noches, le leyó algún texto. La mañana siguiente, 9 de agosto de 1962, murió mientras dormía.


viernes, julio 27, 2007

YOGA Y SALUD

Parece como si la humanidad estuviera en su punto más bajo. Hoy la materia se hace cada vez más densa. Importa solo la apariencia y no el verdadero Ser. Las metas de la vida son comprar cosas para lucir, y dentro de estas compras, es indispensable una cirugía plástica para lucir menos edad.

Aparte de lo absurdo que es vivir para aparentar, la pregunta es: ¿De qué me sirve ocultar las arrugas si en realidad estoy viejo? ¿Qué cirugía evita las enfermedades propias de la vejez?

Mejor sería vivir con las arrugas propias de la vejez pero con excelente salud. Claro está, que esa excelente salud es relativa. Tampoco se trata de que una persona por ejemplo, de 57 años, tenga la vitalidad de una de 25, pero sí puede ser una persona con una salud muy buena para sus 57. Con algunas arrugas, pero muy saludable. No con el “pellejo estirado”, haciéndose la ridícula idea de que parece de 39, pero se inclina para recoger algo del piso y luego no se puede levantar por el dolor de espalda.

Yo sugiero cuidar la salud en todo momento con un buen control médico, beber mucha agua, alimentación adecuada, es decir sin excesos, una buena rutina de ejercicios físicos, y otra de ejercicios mentales. Si empezamos y continuamos con asiduidad un programa similar a este, veremos como nuestra salud se incrementa de manera asombrosa.

De ahí en adelante, ¡que vengan los estiramientos de arrugas que vinieren!, no importa, porque la esencia, la buena salud general tanto física como mental, es excelente. Ya no vivo de aparentar. Y lo principal: estoy echando las bases de un crecimiento espiritual.

Un método excelente para realizar la buena salud física y mental, así como de empezar un camino espiritual, es la práctica del Yoga. Quienes deseen información pueden hacer clik aquí.

miércoles, febrero 14, 2007

¿Engaño?


¿Quien soy?
¿El niño o el viejo?
¿Por qué tan dramático cambio?
¿Qué sentido tiene la vida?

No deja de abrumarnos la cifra entregada por el curioso que hizo el experimento: todo nuestro cuerpo puede reducirse a un centímetro cúbico de materia. Algo más grande que un cubo de azúcar. En vista de esto, no parece que seamos el cuerpo. No parece que la materia sea tan sólida como aparenta. La Física Cuántica nos enseña que las últimas partículas no son “físicas”; son más bien fuerzas que no pueden detectarse del todo, porque si se sabe en qué lugar están, no se sabe a que velocidad se mueven, y si se sabe su velocidad, no se sabe dónde están. Pero en todo caso ya no son materia. Siguiendo la analogía, parecería que el universo tampoco es tan sólido como parece y que podría reducirse a unos pocos millares de kilómetros cúbicos de materia. ¿Lo demás? No se ve. ¡No es materia!

¡Decepcionante materia! Creíamos que lo era todo y resulta que no. No solo es finita, sino que también es engañosa. Entonces, si no somos el cuerpo físico, ¿qué otra cosa podemos ser? ¿De dónde le viene al ser humano ese sentido de grandeza, eternidad y perfección que lo hace soportar todas las penalidades de la vida material? Debe ser algo que no es material. Debe ser el Espíritu. Somos espíritus haciendo un viaje por la engañosa materia, para aprender a dominarla y así subir un paso más en la evolución espiritual. Estamos inmersos en la materia y por eso la infelicidad y el sufrimiento. Pero dentro de nosotros brilla una luz, la luz del Espíritu. El Espíritu no puede sufrir. El espíritu solo puede ser feliz. Es mi consuelo cuando contemplo mis fotografías.